~El Árbol Familiar~
~La Historia de Abigail~
Parte Uno

Era una noche fría y lluviosa, más fría de lo normal para esa época del año. Era el verano de 1845, el año en que Jonathan heredó la vieja mansión. Recuerdo bien que eran tiempos oscuros para el pobre Jonathan. De cualquier forma, lo peor estaba aún por venir....

Los árboles aullaban al paso del carruaje, mientras cortaba el viento a través de la abundante lluvia, como si el mismo Diablo lo persiguiera. El conductor, robusto y valiente, estaba congelado hasta los huesos; no por el viento ni la lluvia, sino por la maldad que llenaba esos bosques, desde hace mas tiempo que cualquier alma "viva" puede recordar.

Aunque muchos rumores habían corrido sobre los espíritus que embrujaban esa tierra, nadie sabía en realidad lo que sucedía allí....hasta ahora.

La lluvia parecía cesar cuando se acercaron al valle bajo el que se juntaban los cruces de caminos. El lugar en el que decían que parecía crecer la oscuridad. Las nubes se separaron justo lo suficiente como para dejar ver la luna llena en el cielo nocturno. Muy pocos se atreven a venir a este lugar, y menos aún a entrar en la mansión. Se dice que está vacía desde que el viejo propietario falleció muchos años atrás.

El carruaje paró de repente, y Jonathan le gritó al cochero, "¡Eh, viejo! ¿qué pasa aquí?". El cochero continuó petrificado como si no hubiera oído nada. "¡Por todos los demonios!" exclamó Jonathan, "¿A que diablos viene todo esto?". Desde su ventana podía ver a siete jinetes bloqueando el camino. Dentro del carruaje, Miriam Natias y Jonathan LaFey podían ver la magia en sus ojos. "¡Oh, Dios mío!" gritó Miriam "¡Oh, Jonathan!¿qué quieren de nosotros?".

Jonathan solo podía suponer lo que esos oscuros jinetes podían querer de él "Salteadores de caminos, diría yo, ¡listos para vaciar nuestras carteras sin dudar un instante!" respondió él, pero en su corazón....en lo profundo de su alma sabía que eso era mentira. Jonathan podía sentir en todo la mano del destino, que agarraba con fuerza su corazón.

Un jinete solitario se acercó, saliendo de la oscuridad; O'Brian era su nombre, el líder de los siete jinetes.

"Sabemos que has venido a heredar lo que es tuyo...La Mansión. Haz caso a nuestro aviso y vuelve esta misma noche. Si no lo haces, 18 se convertirán en 9....". Jonathan se rió y dijo "Apartaos de mi camino", se burló "¡No creo una palabra de lo que decís!".

Los siete jinetes desaparecieron en la noche, y dijeron "Algún día necesitarás nuestra ayuda, amigo". Aunque puso buena cara ante Miriam, estaba claro que el pobre Jonathan estaba asustado.

"¡Siga adelante, siga adelante!" le gritó al cochero, y no necesitó que se lo dijeran dos veces. Con un chasquido de su látigo dejaron el lugar. Ya no estaba lejos la mansión, y el cochero no deseaba otra cosa que dejar atrás este lugar maldito y no volver jamás....

Subían por el camino en mitad de la noche, sin luces que alumbraran el camino. La lluvia había comenzado otra vez, y Miriam dijo, estremeciéndose "Oh, Jonathan, ¿como podrá esto ser algún día nuestro hogar?". Jonathan cogió la mano de su esposa y la miró fijamente a los ojos "Aquí, cariño, no hay nada. ¡Esos estúpidos jinetes hablan con acertijos!. Son un grupo de gente supersticiosa, que creen en cuentos de viejas, inventados para evitar que los niños jueguen en estos bosques. ¡Ningún simple cuento de fantasmas me apartará de mi herencia!". Sus enérgicas palabras ayudaron a calmar a su esposa, aunque, de cualquier forma, Jonathan deseó poder sentirse tan confiado como sus palabras daban a entender....

A través de la oscuridad solo podían ver la sombra gigantesca de lo que iba a ser su hogar. El cochero tiró de las riendas al acercarse a su destino. La mansión se alzaba ante ellos, y una sensación extraña se notaba en el aire. Podían sentir algo malvado fluyendo desde dentro. Los tres, Jonathan, Miriam y el cochero, estaban atónitos por la oscura majestad del lugar. La mansión era enorme, y se extendía en unas 40 habitaciones (que se supiera). Parecía haber ojos observándote desde cada ventana, y podías sentir el peso de los años comprimiéndote el alma si te quedabas mucho tiempo en la oscuridad. ¡Incluso a pesar de la poca luz, la sombra que proyectaba la puerta parecía estar viva!¡Bailando como demonios alrededor de un caldero, hechizando a cualquiera que se atreviera a entrar!.

Los caballos también sintieron la maldad del lugar, e intentaron escapar. Al cochero le costó gran esfuerzo dominarlos y hacerles pasar lentamente a través de las puertas al patio principal. El patio había estado demasiado tiempo descuidado. La maleza había tomado por completo el patio, ¡y amenazaba con consumir la mansión con su garra nudosa y retorcida!. El cochero paró enfrente de la entrada principal, y miró nerviosamente alrededor, esperando que sirvientes fantasmales salieran a por el equipaje y a recibir a LaFey en su nuevo hogar....pero los únicos sonidos eran los del viento aullando alrededor de las hiedras ¡y el de su corazón, golpeando con fuerza en su pecho!. Rápidamente, bajó de su alto asiento y comenzó a descargar el gran número de bolsas y cajas que Miriam había insistido en traer "Si debo vivir en ese espantoso sitio", había dicho a Jonathan antes de empezar su viaje, "voy a llevar conmigo todas las comodidades de casa". ¡No sabía que ni todas las posesiones del mundo podían hacer de esta casa un hogar!

Cuando el viejo cochero hubo descargado sus cosas, Jonathan se impacientó y abrió la puerta del carruaje "¡Ya era hora de que acabara con eso! ¡Por Dios, hombre, mi esposa casi muere aquí!", gritó, mirando furiosamente al cochero. "¡Ahora es cosa suya!". Jonathan apartó al cochero y se volvió hacia su esposa "Vamos, querida, hemos esperado mucho tiempo para comenzar nuestra nueva vida juntos. Vamos dentro...."


Continuará....


Baraka

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